Recordando a Ana..
Su historia
Ana nació en El Salvador y llegó a Estados Unidos con un sueño y un gran deseo de salir adelante.
No sabía hablar inglés. Lo aprendió.
Estudió Construction Management y construyó una carrera en la industria de la construcción. Trabajaba como supervisora de una empresa en Northern Virginia, manejando grandes grupos de hombres.
Ana era una mujer de esas que no se rinden fácilmente.
Llegó a Latinas in Construction porque quería obtener su licencia Clase A de contratista general de Virginia.
Pasó muchos días con nosotras estudiando para cada uno de los tres exámenes. Cuando llegó el momento de prepararse nuevamente para el último examen, regresó.
Estudió Lectura de Planos con nosotras. Ella ya sabía, pero quería saber más. Quería entender aquello que no había podido responder en el examen anterior.
Ana quería aprender. Quería crecer. Quería avanzar.
Pero, sobre todo, quería ayudar. Nos decía que quería apoyar a otras mujeres en la construcción, compartir lo que había aprendido y abrirles camino a otras que, como ella, estaban tratando de construir un futuro mejor.
Ana tenía sueños. Y tenía mucho por delante. A finales de agosto de 2025, esos sueños fueron brutalmente interrumpidos.
Ana llegó al hospital inconsciente y casi sin pulso. Los médicos determinaron que había sufrido un daño cerebral consistente con haber permanecido varios minutos sin recibir aire.
La persona que llamó a la ambulancia, un joven americano con quien Ana estaba saliendo, declaró que había apretado su cuello durante tanto tiempo que incluso él describió ese momento como “forever”.
Fue arrestado en el lugar.
Ana permaneció conectada a una máquina durante cinco días.
Falleció durante la primera semana de septiembre de 2025.
Con Ana se fueron sus sueños.
Su risa.
Sus planes.
Su deseo de ayudar a otras mujeres.
Y con ella también se rompió algo dentro de nosotras.
Ese día perdimos una parte de la inocencia con la que comenzamos Latinas in Construction.
Comenzamos esta organización pensando que nuestro trabajo era enseñar una profesión, ayudar a las mujeres a encontrar oportunidades y construir una carrera.
Pero Ana nos enseñó, de la manera más dolorosa, que nuestro propósito es mucho más grande.
Porque una mujer que aprende un oficio no solo aprende a trabajar.
Aprende a tener opciones.
Una mujer que obtiene una licencia no solo obtiene una credencial.
Obtiene independencia.
Una mujer que puede generar sus propios ingresos no solo puede pagar sus cuentas.
Puede tomar decisiones sobre su propia vida.
Y una mujer que tiene conocimiento, herramientas, trabajo, ingresos y una comunidad que la respalda tiene más posibilidades de decir:
“Esto no lo voy a aceptar.”
Por eso seguimos.
Seguimos enseñando.
Seguimos preparando mujeres.
Seguimos construyendo oportunidades.
Seguimos hablando de violencia doméstica, aunque sea incómodo.
Seguimos aprendiendo a escuchar.
Seguimos recordando que detrás de cada mujer puede existir una historia que no conocemos.
Y seguimos luchando para que ninguna mujer tenga que elegir entre su seguridad y su futuro.
Ana no pudo cumplir sus sueños.
Pero nosotras podemos ayudar a que otras mujeres cumplan los suyos.
Ese es nuestro compromiso.
Ese es nuestro trabajo.
Ese es nuestro propósito.
Por Ana.Por las mujeres que están aquí.Y por las mujeres que todavía están buscando el camino para construir una vida independiente, segura y digna.Ana siempre vivirá en nuestra memoria.Y su sueño de ayudar a otras mujeres seguirá vivo en nuestro propósito.
¡Apoya nuestra misión!
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